lunes, 9 de marzo de 2009

Concepcion(es) de bienestar

Uno de los edificios más emblemáticos de Washington D.C. es el imponente local del Banco Mundial, ahí entre las calles 18 y H. Cuando caminaba por ahí a veces me parecía un gigante elefante blanco y otras un funcional avión plateado. Hace más de 60 años, en el periodo post Segunda Guerra Mundial, este fue creado con el objetivo de corto plazo de ayudar a las naciones europeas en su reconstrucción. Con el tiempo, el Grupo fue ampliando sus funciones y hoy tiene como propósito declarado el de reducir la pobreza. Sin lugar a dudas, el avance ha sido significativo: en la actualidad, alrededor del 20% de la población mundial es calificada como pobre, considerablemente inferior al nivel de 55% correspondiente al año 1950. La pobreza mundial ha disminuido más durante los últimos 50 años que durante los 500 años que le precedieron.

La medición cuantitativa de la pobreza se basa estrictamente en términos económicos: vivir con menos de $2 dólares al día. Si bien la definición de una meta con un indicador específico, cuantificable, factible y pertinente es necesario, también es una que resulta acotada, insuficiente y hasta una que puede distraernos de lo realmente importante.

El economista del LSE, Richard Layard, en su libro “Happiness: Lessons from a New Science”, sostiene que debemos repensar qué constituye “progreso”. Para forjar un mundo mejor, el progreso debe basarse más en el desarrollo de la felicidad que en el desarrollo del ingreso. En un estudio comparado de 50 países, la variación en la felicidad es explicada en un 80% por seis factores: ratio de divorcios, nivel de confianza, tasa de desempleo, membresía a organizaciones no religiosas, calidad del gobierno y porcentaje de creencia en Dios.

Esa concepción holistica de bienestar tiene su símil en el mundo andino y amazónico. En una conversación con jóvenes puneños del pueblo de Pucara y alrededores hace unos días, les pregunte ¿Qué les hace feliz? Las respuestas fueron reveladoras: “Conversar con mi comunidad sobre como afirmar nuestra cultura”, “Hacer más la chacra, viviendo bien con mi comunidad y la naturaleza”, “Jugando y conversando cariñosamente con los abuelos, con mis amigos”, “Estudiando para recomponer las capacidades tradicionales y modernas”. En aymará o quechua la palabra bienestar no tiene un análogo exacto. Suma sarnaqaña, suma jakaña o k’uchi jakaña utjayasiña (vivir bien a gusto y criando la vida con alegría en aymará) o allin kawsay, misk’i kawsay (buen vivir, dulce vivir en quechua) son nociones propias de una cosmovisión distinta (no mejor, no peor, tan solo distinta) a la occidental. En la fiesta de carnavales de la comunidad Tuni Grande, seguramente catalogada como pobre o pobre extrema en los informes del MEF, no tuve que pagar ninguna entrada para disfrutar de una abundante y hasta nutritiva comida, de escuchar un concierto de melodiosas y alegres tonadas andinas y de tener acceso a un dispensador casi infinito de la sagrada hoja de coca y de “traguito”. La riqueza en Tuni Grande no era la acumulación de bienes materiales sino la abundancia y entrega de cariño en el seno de la comunidad.

En los debates técnicos y políticos siempre se discute sobre EL modelo económico o EL modelo de desarrollo. Al menos hasta dilucidar mejor sobre estas confusas y complejas concepciones de bienestar, y siendo el Perú una de las sociedades más diversa del mundo quizás debamos comenzar a hablar de UNOS modelos de bienestar. Unos modelos que reflejen lo que a cada peruano lo haga feliz ya sea su relación con los Apus, su fin de semana en la playa o los dólares en su cuenta corriente.

4 comentarios:

  1. "(no mejor, no peor, tan solo distinta)"... es, a mi gusto, la mejor frase de todo el texto.

    Tan necesario y evidente pero, a la vez, tan dificil de entender para muchos.

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  2. Es increible como a veces nos dejamos llevar por lo que el mundo occidental, "el mundo moderno", dicta y nos olvidamos de mirar nuestras viejas (no anticuadas) tradiciones y nuestro patio de atras en busca de la sabiduria real...

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  3. Quizas la cultura pueda determinar el nivel de felicidad... que sería vivir en una cultura de amor? pues de ese concepto se pueden desdoblar muchas buenas acciones en beneficio de los seres humanos... asi como una madre ama a su hijo y un hijo ama a su madre...asi como el padre lo cuida y el hijo lo respeta...ambos confian, creen y sienten...si midieramos bajo esa misma optica a los ejecutivos japonenes veriamos aun mas grande esa brecha entre felicidad y satisfacción por el exito personal y profesional...ratio de suicidios... habria que ver bajo esa optica a una comunidad nativa de pacaya samiria en el interior de la selva donde solo llegas en un peque peque...que paraiso de solo imaginarlo

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